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dios-es-liquido Líquido de los líquidos, el Creador se acomoda a cada recipiente creado. Da al ser humano poder, libertad y responsabilidad de moldearse, no con la pobreza de los apegos sino con la riqueza del amor, asegurándole: "El que beba del agua...

 


 

Zygmunt Bauman ha escrito varios libros: Vida líquida, Miedo líquido, Amor líquido, Modernidad líquida. En ellos aparece el hombre sin rumbo, incierto, precario. Hombre líquido, en insatisfacción constante, con la manía de vivir liberándose de las cosas que se mantiene adquiriendo.

Líquido, sustancia con moléculas de poca cohesión que se adapta a la forma del recipiente que lo alberga. El agua, inodora, insabora, incolora, es el líquido por excelencia, sin el cual es imposible vivir.

El amor es líquido, con el modo del amante, del que lo recibe. El amor divino es milagro de milagros, pues receptor, recipiente y recibido son la misma cosa, el Creador.

Líquido de los líquidos, el Creador se acomoda a cada recipiente creado. Da al ser humano poder, libertad y responsabilidad de moldearse, no con la pobreza de los apegos sino con la riqueza del amor, asegurándole: "El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás […] sino que se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna" (Jn. 4, 14).

Un viejo cantar dice: "Yo tengo sed ardiente / que me devora el alma; / yo tengo sed ardiente, / yo tengo sed de Dios". Líquido, agua y sed van de la mano. "Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. De sus entrañas manarán ríos de agua viva" (Jn. 7, 37-38).

Para Teresita, "Dios es y será siempre nuestro océano", con la disposición de vivir sumergiéndose en Él. Tarea inquietante sobre toda ponderación, pues "en mar se convierte la gota de agua que cae al mar" (Ángel Silesius ). Anhelo infinito, naufragar para siempre en el océano divino.

Bautismo es inmersión, asunto de liquidez, vivir empapándose del líquido divino. La oración es ejercicio bautismal, Dios sumergiéndose en el hombre y el hombre sumergiéndose en Dios. Proceso que comienza en el nacimiento y culmina en la muerte, inmersión definitiva en el océano divino.

Isabel, una iluminada, se expresa así: "Sumérgete en mí para que yo me sumerja en ti hasta que vaya a contemplar en tu luz el abismo de tus grandezas". Dos líquidos, uno limitado y otro ilimitado con el único interés de sumergirse el uno en el otro. Adquiere mis contornos, limitados, quien se sumerge en mí. Adquiero sus contornos, ilimitados, de aquel en quien me sumerjo.

Dios y hombre, ¿sólidos que fluyen?, ¿líquidos que perduran? Inmersión del uno en el otro, tarea abrumadora de extrema fascinación.


AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 23 de agosto de 2013

 

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