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hombre de feFe es seguridad, solidez, da confianza en sí mismo, expresión perfecta de la personalidad. La fe mueve montañas y las fibras secretas del corazón. “Tengo fe en ti” es expresión que llena de felicidad al que la escucha. Más de uno es sorprendido por la luz...

 


 

La fe es envolvente. No es sólo un dato mental. Por más o por menos distingue todo gesto humano. Donde el ser humano actúa con dignidad, se deja guiar por la fe, que es relación de personas. Comienza en cada uno consigo mismo. Tener fe en sí mismo es distinción, punto de partida para la fe en los demás, el mundo y Dios. Cuando las personas se tratan como personas, actúan movidas por la fe. El aprecio que cada uno se tiene como persona, y lo hace extensivo a los demás, al mundo y a Dios, es expresión egregia de la fe. La fe está por igual en el cuerpo y en el alma. Quien actúa con falta de fe, está expuesto en cada instante a sucumbir. Quien pone fe en lo que hace, termina por acertar.
Hoy hasta las empresas se dan cuenta de que el secreto de su éxito está en la fe. Fe que es promoción de la persona, de su mejoramiento continuo, de su calidad humana. Un negocio manejado con fe se abre cada vez más a horizontes ilimitados de éxito. El vendedor tiene fe en sí mismo, en su producto, en su cliente: se encuentra cada mañana frente a una tarea estimulante inspirado por la fe, la de vender. Fe que le ayuda a encontrar el gesto oportuno para obtener el resultado que se propone. Fe para trabajar, fe para tener salud, fe para ir cada vez más allá de sí mismo, fe para triunfar, fe para alcanzar metas imposibles. Fe es la energía secreta que hace a quien tiene fe superior a sí mismo sin medida.
Fe es seguridad, solidez, da confianza en sí mismo, expresión perfecta de la personalidad. La fe mueve montañas y las fibras secretas del corazón. “Tengo fe en ti” es expresión que llena de felicidad al que la escucha. Más de uno es sorprendido por la luz de la alborada haciéndose a sí mismo esta profesión de fe. Algo inaudito para el corazón, acostumbrado al reproche.  El amor lo es en la medida en que se apoya en la seguridad de la fe, que es confianza, alegría, entusiasmo y fortaleza. Cada órgano del cuerpo y cada facultad del alma tiene la tarea de alimentar la fe, y la fe a la vez la de alimentar todo el ser, desde las partículas subatómicas hasta los suspiros recónditos del alma.
El ser humano se mueve en el ámbito de la fe más que en el del aire que respira. Quien se vuelve consciente de esta realidad, aviva al máximo su sensibilidad, y suplica con espontaneidad: “Señor, auméntanos la fe” (Lc 17,5). Ya la sola petición constituye un incremento imponderable de la misma. Su tamaño, aún diminuto como el de un granito de mostaza, obra todos los portentos, como el de curar heridas, sanar resentimientos, engendrar optimismo y crear seguridad cuando hasta el horizonte más cercano se cierra. Mundo prodigioso de la fe, sin más contornos que los que el creyente le traza. La morera se arranca de raíz y se siembra en el mar gracias a la fe de quien la cultiva.
Quien dedica tiempo a la fe y pone empeño en dejarse guiar por ella, superará todos los obstáculos y limitaciones en la consecución de sus ideales, en el momento menos esperado. Cuando todo enmudece, la fe hace del silencio elocuencia soberana, comunicación que hace feliz a quien la alcanza.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

 

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