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Dia-de-los-difuntosSanta Teresita decía: "A la tarde de esta vida compareceré delante de ti con las manos vacías". Su propósito era que Dios las llenara de sus dones divinos, que son él mismo. Y añadía: "Yo sé que tú puedes prepararme en un instante para comparecer delante de Ti"...

 


Orar por los difuntos, como lo hacemos el 2 de noviembre, es honrar a los muertos. Muere el que está vivo. La muerte puede ser vista de dos maneras, como hundimiento en la nada, o como apertura a la plenitud de la vida, que es Dios.

Desde que nacemos comenzamos a morir. Nacimiento, vida, muerte y resurrección no son hechos puntuales, sino modos de existencia, que vamos moldeando con nuestro comportamiento bueno o malo, de modo dinámico y simultáneo.

Podemos mirar a un difunto como el ser querido del cual queda solo el recuerdo. O como aquel que al morir llegó a Dios, resucitó, alcanzó vida en plenitud, y sigue presente en nuestra vida amorosamente.

Santa Teresita decía: "A la tarde de esta vida compareceré delante de ti con las manos vacías". Su propósito era que Dios las llenara de sus dones divinos, que son él mismo. Y añadía: "Yo sé que tú puedes prepararme en un instante para comparecer delante de Ti". Algo que S. Agustín veía endiosado: "Después de esta vida, Dios mismo es nuestro lugar".

Nacimiento, vida, muerte y resurrección van siempre de la mano. Y al terminar esta vida, sólo queda la resurrección. Cuanto más apegos y menos amor, más muerte y menos resurrección; cuanto más amor y menos apegos, menos muerte y más resurrección.

Resucitar es alcanzar vida en plenitud, que no es una cosa al lado de otra, sino Dios mismo aconteciendo en nosotros. La resurrección es el acontecimiento de estarnos volviendo divinos por participación de Dios por toda la eternidad, felicidad en plenitud.

Puedo ver la muerte desde mi punto de vista humano, y mi limitación me descorazona. O puedo ver la muerte desde el punto de vista de Dios, y así mi mirada se abre al horizonte infinito de la plenitud. "Pensé que la muerte era horrible", dice el protagonista de un cuento que encantaba a Borges, y añade: "y no, es la dicha, la mayor dicha".

Catalina de Génova dice extasiada: "Cuando veo morir a una persona, me digo: ¡Oh qué cosas nuevas, grandes y maravillosas está a punto de ver…". Esta mujer, mística, habla con tanto júbilo del misterio, como Teresita y Agustín, porque se ha instalado en el corazón de Dios.

Orar por los difuntos es propiamente orar por nosotros, gracias a ellos. Dios nos envía a través de ellos sus bendiciones divinas. El corazón las acoge derretido de gratitud...

 
AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 9 de noviembre de 2012

 

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