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descubrimientoEs largo el camino del descubrimiento. Bien lo dice la crisis económica mundial. Que los descubiertos, lejos de la codicia en que estamos sumergidos, nos escondamos limpios en nuestra propia intimidad a descubrir lo que somos: "templo de Dios" (2 Cor. 6, 16)...

 


El 12 de octubre celebramos la fiesta del descubrimiento. ¿Quién y qué descubrió? ¿Cómo, por qué y para qué? ¿Qué buscaba? Las preguntas inquietan más después de cinco siglos.

Puedo tener la sorpresa de encontrar lo que no busco. Los ojos y la imaginación carecen de entrenamiento para lo desconocido. Mares nuevos, tierras nuevas, gente nueva. Deslumbramiento que desconcierta, hasta la carencia total de sintonía.

Descubrir es un verbo lleno de sentido. Es hacer patente una cosa, destapar lo que está tapado o encubierto, hallar lo que estaba ignorado o escondido.

Descubrir es inventar, y de aquí invención, encontrar en el arte nuevos modos de relación de la palabra, el poeta; del sonido, el músico; del color, el pintor; del amor, el amante.

El descubrimiento de América fue extraño, es decir, algo a la vez desconocido y de gran valor. Exigía del descubridor sintonía imprevista.

Dos actitudes encierran la vida humana, el amor y los apegos. El amor alcanza el milagro de la unidad. Unidad con los desconocidos, tierras, plantas, animales y, ante todo, seres humanos.

La codicia inventó el sofisma de gente sin alma, para enseñorearse de todo, y así poder diezmar, recoger, acaparar y retener. El Dorado se convirtió en el móvil de la aventura. Embarcaciones cargadas de oro naufragaron una y otra vez. Esperamos todavía su rescate.

¿Qué queda del descubrimiento? Que los descubiertos necesitan descubrirse, saber quiénes son, de dónde vienen y a dónde se encaminan. Necesitan una mirada limpia a la propia interioridad.

S. Juan de la Cruz se pregunta en la incomodidad de una cárcel: "¿Adónde te escondiste, / Amado?" Y desconcertado se dice: "La causa es porque está escondido, y tú no te escondes también para hallarle y sentirle. Porque el que ha de hallar una cosa escondida, tan a lo escondido y hasta lo escondido donde ella está ha de entrar, y, cuando la halla, él también está escondido como ella".

El hombre vive en trance de descubrir lo escondido. Y nada tan escondido como él de sí mismo. Necesita esconderse en su intimidad, donde está escondido su tesoro.

Es largo el camino del descubrimiento. Bien lo dice la crisis económica mundial. Que los descubiertos, lejos de la codicia en que estamos sumergidos, nos escondamos limpios en nuestra propia intimidad a descubrir lo que somos: "templo de Dios" (2 Cor. 6, 16).

Tenemos un mundo por descubrir, que el corazón está hecho para amar.

 
AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 21 de octubre de 2011

 

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