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discernimientoLa sabiduría es el sabor de las cosas. Lo más difícil y lo más fácil. Hay una sabiduría del cuerpo y una sabiduría del alma. Hay una sabiduría de la palabra, de la mirada, de los ademanes, del trabajo, del descanso, de la comida, de los individuos y de las comunidades...

 


 
Sabiduría es una palabra seductora. A cada uno le interesa ser sabio, irradiar sabiduría de manera que cada gesto sea sabio. Esté donde esté, la sabiduría inspira respeto, admiración. Al sabio se recurre siempre con atención y acatamiento. Lo que dice y lo que hace es norma de comportamiento y seguirlo es entrar en el mundo de la sabiduría. El ser humano busca la sabiduría por instinto y aun cuando esté contra ella no hace más que expresar de otra manera su interés por ella. Todo el que se entrena en un arte, en una ciencia, en una profesión no hace otra cosa que ponerse en el camino de la sabiduría.

La sabiduría es el sabor de las cosas. Lo más difícil y lo más fácil. Hay una sabiduría del cuerpo y una sabiduría del alma. Hay una sabiduría de la palabra, de la mirada, de los ademanes, del trabajo, del descanso, de la comida, de los individuos y de las comunidades. Y también una sabiduría de Dios. Es sabio el que acierta. Acierto cuando doy con el punto a que se dirige una cosa. Quien da punto al alimento que prepara, a la palabra que trasmite, a la meta que busca, a la solución que necesita, al amor que brinda, está en la senda de la sabiduría, que abarca todos los aspectos de la vida, comenzando por los gestos de la vida diaria: trabajar, comer, dormir, descansar, cultivar la salud, tratar bien a los semejantes, dialogar con Dios como con el mejor amigo. Quien acierta en su comportamiento diario está en posesión de una sabiduría prodigiosa.

El prodigio es el distintivo de la sabiduría. La Biblia habla de Salomón, sabio “como no hubo antes ni le habrá después”, expresión hiperbólica para expresar el ideal más entrañable del ser humano. Se dice que “Dios se le apareció en sueños y le dijo: “Pídeme lo que quieras”. La sabiduría es el sueño de todo hombre, de toda mujer. No hay ideal comparable a él. Por eso es admirable todo el que logra impregnar sus gestos de sabiduría. Sabiduría para amar, para perdonar, para hacer el bien, para dar una palabra de aliento, para descubrir los secretos de la naturaleza, para conocer los prodigios del corazón tanto del hombre como de Dios. Que Dios le hable en sueños al hombre es el colmo de la sabiduría. El diálogo con Dios es el sueño de los sueños. Cuando alguien rebosa de felicidad dice que sus sueños están cumplidos. Dialogar con Dios, que es la sabiduría suma, es alcanzar el cumplimiento de todo sueño. Dialoga con Dios quien hace el bien, quien evita el mal, quien hace todo o que puede y lo pone al servicio de los demás y llena así el mundo de humanidad, Lo que hizo Salomón.

Salomón pidió a Dios “un corazón dócil para gobernar y para discernir el mal del bien” (1 Reyes 3,9). Gobernar es conducir, administrar, guiar, dirigir. Uno se gobierna a sí mismo. Es el punto de partida y de llegada de todo gobierno. Dios se gobierna a sí mismo como Dios. El camino de Dios es divino. Dios avanza por él en forma divina. El hombre se gobierna a sí mismo en forma humana. En todo lo que pone humanidad está el acierto de su gobierno. Hay humanidad en todo lo que hay grandeza, dignidad, fortaleza, confianza, justicia, lealtad, creatividad, esperanza, amor. Formas diferentes de la sabiduría. Quien obra así sabe discernir el bien del mal. La sabiduría que Dios le otorgó a Salomón y le brinda a todo ser humano. Saberla recibir e irradiar es el colmo de la sabiduría.

 
AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

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