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alegria-de-vivirUn día Jesús “lleno de gozo bajo la acción del Espíritu Santo, dijo: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultado estas cosas a los sabios y hábiles, se las has revelado a los sencillos” (Lc 10, 21). La alegría es la atmósfera que baña la vida...

 


 
Hay personas que tienen motivos para vivir tristes, un fracaso, una desilusión, un viaje no realizado, una desesperanza son cosas que ensombrecen el corazón. Puedo volverme pesimista, amargado, perder mi fuerza creadora, encerrarme en mi soledad.
Quien reacciona así se hace daño a sí mismo, se niega a contemplar el horizonte ilimitado que su mirada pueda abarcar. El placer amargo de la desventura se paga con la aniquilación  del ser, está muy cerca del paraíso perdido que lleva en el corazón.
El desaliento y el entusiasmo luchan por enseñorearse de los sentimientos. Uno vive triste si así lo decide, si no ve más que sombras. Uno vive alegre si ama la alegría, si se apasiona por la luz que cada cosa irradia. Uno cultiva, aún sin darse cuenta, las decisiones que toma. En medio del éxito se puede vivir del pesimismo. Es posible irradiar confianza y fortaleza en la adversidad.
Somos seres de decisiones. Ellas nos reaniman o nos matan. Vivo alegre. Mi alegría llena el mundo. Vivo triste. Mi tristeza paraliza la sangre. El mundo tiene sentido de mis decisiones. Decido vivir triste. El sol no ilumina ni calienta. Decido vivir alegre. Todo en mí se vuelve trasparente como la luz.
Un día Jesús “lleno de gozo bajo la acción del Espíritu Santo, dijo: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo ocultado estas cosas a los sabios y hábiles, se las has revelado a los sencillos” (Lc 10, 21). La alegría es la atmósfera que baña la vida de Jesús. Su mensaje, su lucha, su denuncia, su muerte, están compenetrados por el gozo secreto de la resurrección.
Jesús fue siempre un hombre resucitado. Su tristeza duró el instante que hay entre muerte y resurrección. Las parábolas son un himno a la alegría de la resurrección. Alegría por el tesoro escondido (Mt 13,44), por la oveja encontrada (Lc 15, 4-7), por el hijo que regresa (Lc 15, 11s), por el sepulcro vacío (Jn 20, 1s). Su mensaje está transido del gozo que sólo puede venir de Dios, fuente y meta de la felicidad.
El entusiasmo es el secreto de Jesús, de su grandeza. Expresa la cercanía de Dios Padre que lo envuelve. Abrir el corazón al entusiasmo es participar de esa grandeza y de esa cercanía. El aire que respiramos es apenas símbolo de esa presencia que nos inunda con su luz. La luz de Dios es el amor. Sentirse amado es vivir en la resurrección.
La alegría es una decisión. Ni siquiera Dios me la puede quitar. El me hizo para vivir dichoso. Me sentiría avergonzado de mí mismo si me preguntara porqué dejo que la alegría se aleje mí. El gozo de sentirme amado por Dios aún en el mayor de los sufrimientos es la vida ideal que nadie puede arrebatarme contra mi propia decisión.
Ni el mal humor ni el nerviosismo ni la rutina ni el aburrimiento tienen porqué suplantar la alegría que llevo dentro. Ella merece todo mi acatamiento.

 
AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

 

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