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orar es transfigurarseLa transfiguración de Jesús fue fruto de la oración "en el monte". Monte es una palabra hermosa para hablar de lo que no tiene nombre, es decir, de Dios. En el monte, en las noches, en el silencio, en la soledad, Jesús encuentra la máxima compañía, el máximo diálogo ...

 


 

Me transfiguro en lo que pienso durante todo el día. Por eso cultivo con esmero mis pensamientos. Ellos, obra mía; yo, obra de ellos. Yo los elijo y los cultivo, y ellos me moldean con la figura que yo les doy. Los transfiguro, me transfiguran.
Transfigurarse es cambiar de figura, que es el contorno, las líneas de una cosa. La figura del ser vivo mantiene un proceso de cambio permanente, determinado por lo que ocurre dentro y fuera de él, en un ir y venir constante.
El evangelio habla de la transfiguración de Jesús. Su rostro brillaba como el sol y sus vestidos adquirieron una blancura deslumbrante. En él ocurrió algo fascinante, que llenó a los circunstantes de miedo y alegría a la vez. Dios con su presencia amorosa resulta aplastante para el hombre, anonadado por falta de entrenamiento. Transfiguración, la pequeñez humana elevada a la grandeza divina.
La transfiguración de Jesús fue fruto de la oración "en el monte". Monte es una palabra hermosa para hablar de lo que no tiene nombre, es decir, de Dios. En el monte, en las noches, en el silencio, en la soledad, Jesús encuentra la máxima compañía, el máximo diálogo y la máxima alteza, Dios su Padre. "Este es mi Hijo, mi Elegido. Escúchenlo". Encuentro suave y dulcísimo del cielo con la tierra. La fascinación.
El hombre, por el dinamismo de su condición vital, vive en un proceso de transfiguración continua. Del modo como se cultiva depende la calidad de transfiguración. Hay rostros que se ajan y rostros que se afinan.
Da gusto encontrarse con un rostro fino, delicado, sutil. Su mirada y sus palabras aparecen seductoras. Aun sin palabras, la dulzura de sus ademanes resulta tan placentera que es imposible olvidar.
El hombre vive en busca de la seducción. Colores, sonidos, olores, sabores y contornos seductores. El alimento para saciar el hambre de los cinco sentidos. Sentidos del cuerpo y sentidos del alma, que tan solo se sacian de infinito.
Un poeta, presa de la fascinación, escribió sigiloso: "No puedo decirte / ni con el silencio / ni con las palabras / ni aun con la música / más desesperada. / Tal vez con palabras / y si las palabras / miraran".
Jesús se transfiguró en el monte. Me toca descubrir que ese monte, lugar de mi transfiguración, es Dios. Volverme de humano divino, haciéndome uno con él donde vivo y trabajo. Simple y portentosa oración.


AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 1 de marzo de 2013

 

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