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soy-lo-que-hagoLa relación con Dios, que es de amor, es la mística. Amor es unidad de dos, unidad que manifiesto siendo comprensivo, generoso, acogedor, paciente, servicial, solidario. Estas actitudes son fruto de mi relación con Dios. Actuando así, mantengo sintonía entre ser y hacer...

 


 

Soy lo que hago, hago lo que soy. Para saber quién soy, miro lo que hago, pues en mi hacer manifiesto mi ser. Soy una criatura de amor, y soy fiel a mí mismo actuando con amor. Si actúo por apegos, por codicia, que es negación de amor, traiciono mi ser.

Soy relacional porque la relación conmigo mismo, con los demás, con el cosmos y con Dios es esencial. "El hombre es un ser relacional. Si se trastoca la primera y fundamental relación del hombre -la relación con Dios- entonces ya no queda nada más que pueda estar verdaderamente en orden" (Ratzinger).

La relación con Dios, que es de amor, es la mística. Amor es unidad de dos, unidad que manifiesto siendo comprensivo, generoso, acogedor, paciente, servicial, solidario. Estas actitudes son fruto de mi relación con Dios. Actuando así, mantengo sintonía entre ser y hacer, cuyo secreto está en orar, que es cultivar la relación de amor con Dios.

S. Agustín tuvo conciencia lúcida de esta maravillosa unidad. "Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor. Si gritas, gritarás con amor. Si corriges, corregirás con amor. Si perdonas, perdonarás con amor. Si está dentro ti la raíz del amor, ninguna otra cosa sino el bien podrá salir de tal raíz". El bien que hago es fruto espontáneo del amor con que vivo.

El místico hace el bien y evita el mal amaestrado por Dios. Y ésta es la verdadera ética. "En cuanto al amor mutuo, no necesitan que les escriba, ya que han sido instruidos por Dios para amarse mutuamente" (1 Tes, 4, 9). El árbol bueno, que es el místico, da buenos frutos, que es la ética.

Jesús tiene como lema "hacer la voluntad del Padre", y la hace porque vive en relación de inmediatez de amor con Él: "Yo y el Padre somos uno; quien me ve a mí, ve al Padre" (Jn. 10, 30; 14, 9). Jesús, el místico de los místicos, es el modelo del hombre ético.

San Pablo se complacía en sus angustias sufridas por Cristo. Tenía la convicción de que la "fuerza tan extraordinaria" con que actuaba en sus debilidades era divina, no humana. Dios convertía en fortaleza su fragilida

"El siglo XXI será místico o no será" (A. Malraux). Mística y ética son distinguibles, no separables. La mística es el fundamento de la ética. Ética sin mística es pura ilusión. Hago lo que soy.


AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 17 de mayo de 2013

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