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abrazo de DiosLa parábola del Hijo pródigo es la síntesis sublime de la ofensa y el perdón en Jesús. "Un Padre tenía dos hijos… Traigan el mejor vestido y vístanlo, pónganle un anillo y unas sandalias… Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto...

 


 

Cuando hablamos de Dios usamos lenguaje humano, el que tenemos, sin caer en la cuenta de que lo tratamos como hombre siendo Dios. Por ejemplo, la ofensa y el perdón en Dios tienen sentido divino, no humano.

Ofender es herir, maltratar, hacer daño. Pienso que ofender y ofenderse es muy humano. Sin embargo, tengo el poder de no ofender ni aceptar la ofensa, pues soy dueño de mis sentimientos, por lo cual nadie me puede obligar a tener un sentimiento ofensivo.

Mis sentimientos son modos de ser míos. Cultivo la relación para no ofender ni ofenderme, pues tengo el control de mí mismo, gran desarrollo espiritual. Ofender y dejarse ofender son decisiones que evito porque me dañan.

En la ofensa hay dos polos, ofensor y ofendido. Una ofensa puede salir de mí y no llegar al que quiero ofender, pues éste puede ser inmune a ella. Y por no ofenderse, no tiene que perdonar.

Por ser infinita, la bondad divina no puede ser alcanzada por la ofensa, ni ofender, ni ofenderse, y por eso, en Dios no cabe el perdón, que es restablecer una relación dañada a causa de una ofensa. Sin ofensa, no hay perdón. ¡Ojalá llegue el día en que no hable de perdón por no ofender ni ofenderme…

Cuando ofendo a Dios, la ofensa sale de mí, pero no llega a él. Y cuando le pido perdón, lo necesito yo porque lo ofendí, pero él no me perdona porque mi ofensa no llegó a él, que me ama sin condiciones, con amor divino.

El evangelio es un tratado de impunidad, de mejoramiento radical. Jesús pide perdón para los que lo ofendieron, porque la ofensa salió de ellos, mas no llegó a él, que por vivir en relación de inmediatez con el Padre, fue inmune a la ofensa.

La parábola del Hijo pródigo es la síntesis sublime de la ofensa y el perdón en Jesús. "Un Padre tenía dos hijos… Traigan el mejor vestido y vístanlo, pónganle un anillo y unas sandalias… Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y lo hemos encontrado".

"Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas". Quien escribió esta frase tenía la mirada absorta en el infinito. El amor divino había despedazado su fantasía, su corazón.

Cuanto más purifico la imagen de Dios en mí, más me iguala él consigo por amor.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal, OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 8 de marzo de 2013

 

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