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Misericordia en los misticosTeresa de Jesús canta las Misericordias del Señor y el místico de la Llama resuena en toda su obra este mismo canto, y Teresita del Niño Jesús nos comparte su profunda experiencia ante este insondable misterio. El hombre de hoy que vive en desazón...

 

 

POR SU OBRA Y GRACIA

Hablar de la misericordia hoy puede ser atrevido y osado en un mundo turbulento, violento, dividido y aparentemente incapaz de vivir la misericordia. Y es por esa razón justamente que quiero plantear el tema, por la urgente necesidad que existe en el medio, de acogerla y vivirla. Muchos son los motivos que están incidiendo en esta realidad de ausencia y dificultad para vivir la misericordia; el Papa Juan Pablo II en su encíclica “Dives in Misericordia” aporta su enfoque sobre este tema: “La mentalidad contemporánea, quizás en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende además a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia” (Dives in misericordia, n.2). Es una paradoja, no se entiende, y queda ahí como realidad del mundo actual.  

Frecuentemente el hombre no se pregexperiencia, unta si es misericordioso. Veo muy conveniente hacer hoy esta pregunta y responderla sinceramente. Resulta curioso -o paradójico- que, muy en el fondo de cada hombre hay un deseo casi infinito de misericordia, y en el diario vivir no se encuentre esta misericordia ni dentro ni fuera de cada uno.

LA SAGRADA ESCRITURA

La figura de Dios Padre-Madre se ha ido imponiendo en la Teología, cada día con más fuerza. El Deuteronomio lo presenta con términos bastante precisos y claros, y dice: “No es él tu padre, el que te creó, el que te hizo y te fundó”?, y casi renglón seguido añade: “Has desdeñado la Roca que te ha concebido, has olvidado al Dios que te dio a luz?”. (Dt. 32, 6.18). Dios no está ligado al género masculino ni femenino, pero si admite ser tratado como Padre y Madre según el texto lo dice. El profeta Isaías va a recordar el ya muy mencionado texto, que surge ante el lamento de la esposa frente a su esposo: “El Señor me ha abandonado, mi Señor me ha olvidado”; y responde la voz del Esposo: “Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas?. Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido” (Is. 49, 15). No aparece la palabra madre explícitamente, pero las frases “niño de pecho” e “ hijo de sus entrañas” evocan esta figura con suficiente claridad.

Juan Pablo I en uno de sus muy breves intervenciones de su mini-pontificado llegó a afirmar: “Dios es Padre!”, y se corrigió inmediatamente: “Qué digo? Es Madre a la vez!”. Los místicos del Carmelo, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Teresita del Niño Jesús , presentan unas pautas muy profundas sobre el tema, y lo enseñan al hombre de hoy.

SANTA TERESA DE JESÚS

Santa Teresa presenta la misericordia como don y atributo de Dios. Pero no se contenta con describir esta misericordia como un bien externo, sino que se lo apropia y habla de la misma porque ella la ha experimentado de muchas maneras, y en muchos episodios de su vida, especialmente cuando estaba en la última etapa de ésta, cuando Dios se le reveló portentosamente en su encuentro profundo de oración y de vida; y como es esencial de su pedagogía comunicar lo que experimenta, ella se siente llamada a escribirlo: “Harta misericordia nos hace que haya comunicado estas cosas a personas que las podamos venir a saber, para que mientras más supiéremos que se comunica con las criaturas, más alabaremos su grandeza y nos esforzaremos a no tener uno en poco almas con que tanto se deleita el Señor” (VII M. 1, 1). Y agrega en el mismo libro: “Harto lo he suplicado a su Majestad, pues sabe que mi intento es que no estén ocultas sus misericordias para que más sea alabado y glorificado su nombre. (VII M. 1,1).

La santa “aprendió” a vivir la misericordia con la dificultad propia de todo hombre, y le costó el perdón a personas que le injuriaron e intentaron hacerle difícil su obra de la Reforma; ella experimentó el perdón de Dios, se sintió amada por el Padre y tuvo luego la oportunidad de escribirlo a lo largo de toda su obra. En su libro “Camino de Perfección” dice: “No puedo yo creer que alma que tan junto llega de la misma misericordia adonde conoce la que es y lo mucho que le ha perdonado Dios, deje de perdonar luego con toda facilidad y quede allanada en quedar muy bien con quien la injurió”. (C 36, 12). No hay que dudar que la enseñanza del Maestro en la parábola del siervo que no perdonó a su compañero (Mt. 18, 23-35), quedó muy grabada en su corazón y le sirvió para exponer su magisterio sobre el perdón al enemigo.

Quizá el aspecto más impactante de la doctrina de la Santa sobre este tema es destacar la gran Misericordia de Dios frente a su profunda miseria y debilidad, adquiriendo más importancia al deducirla ella, no de los libros, sino de su experiencia de pecado y de infidelidad en el seguimiento del Señor; al narrar su historia cuenta en el libro de la Vida: “Acuérdense de sus palabras y miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cansé de ofenderle que su Majestad dejó de perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias. No nos cansemos nosotros de recibir” (V. 19, 15). Fruto de esta experiencia de bondad y ternura de Dios Padre es su convicción de ser muy pobre y miserable, al tiempo que percibe con más claridad y alegría la magnanimidad de su misericordia y ternura, y exclama: “Mas, ¡qué desatino os pregunto, Señor mío! Parece que tengo olvidadas vuestras grandezas y misericordias... ¡Oh Señor, Señor!, todo esto lastima más a quien os ama; sólo consuela que será alabada para siempre vuestra misericordia, cuando se sepa mi maldad; y, con todo, no sé si quitarán esta fatiga hasta que, con veros a vos, se quiten todas las miserias de esta mortalidad”. (E 3, 3). Y en un capítulo posterior va a escribir sobre la misma experiencia, convencida de que el Señor ha venido para los pecadores y no para los justos como lo ha dicho en el evangelio; escuchemos de ella misma: “Vos decís, Señor mío, que venís a buscar los pecadores (Mt. 9, 13); éstos, Señor, son los verdaderos pecadores; no miréis nuestra ceguedad, mi Dios, sino a la mucha sangre que derramó vuestro Hijo por nosotros; resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad Señor, que somos hechura vuestra, válganos vuestra bondad y misericordia(8, 3). Es tanta la misericordia y la bondad que ella ha recibido de Dios, que su lenguaje se queda corto para expresarla, y a través de todas sus obras deja traslucir, a manera de hilo conductor, el canto de la misericordia: por eso en sus libro de Cuentas de Conciencia va a decir: “Por donde claro se me representó el excesivo amor que Dios nos tiene en perdonar todo esto cuando nos queremos tornar a él; y más conmigo que con nadie, por muchas causas” (C. C. 14, 3). Su gran humildad le ayudó a tener esta clara conciencia de sus pecados y fragilidades, y le capacitó para dejar esta enseñanza a toda la Iglesia.    

SAN JUAN DE LA CRUZ

El santo trata este tema de la misericordia muy profundamente, también a partir de su experiencia. En el Libro de la Noche, donde él se ocupa de la purificación en el más amplio sentido de la palabra, relaciona la purificación con la bondad y la ternura de Dios, quien hace la purificación del sentido y del espíritu para que el hombre esté preparado para la unión con Él. En dicha purificación permite acontecimientos de no fácil aceptación, personas no gratas, enfermedades y cruces, y agrega el santo: “hasta que se humille, ablande y purifique el espíritu, y se ponga tan sutil y delgado que pueda hacerse uno con el Espíritu de Dios, según el grado que su misericordia quisiere concederle de unión de amor” (2 N 7, 3). Esta purificación la hace Él según quiere, y la misericordia la otorga también en la medida que Él determina.

La Oración del Alma Enamorada se puede definir como ORACIÓN DE LA MISERICORDIA en su sentido más profundo. Con un breve análisis de la misma se comprueba: comienza Sn. Juan de la Cruz preguntando a Dios: “Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que ando pidiendo...”, sabiendo de antemano por su experiencia que este recuerdo ya no existe, y por eso sigue diciendo “ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos”; Dios conocido a través de la fragilidad del hombre y de su miseria, pensamiento expuesto por el santo en muchos pasajes de su magisterio (1 N 6, 4; 12, 2.4.8; 2 N 5, 5; 6, 1.4; LlB 1, 19-23 y otros); la oración continúa: “Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego,... hágase”, donde se percibe una actitud de total abandono, reforzada por el verso siguiente: “Y si a las obras mías no esperas, qué esperas?, por qué tardas?”, hasta llegar la súplica a un cenit de confianza, “Porque si, en fin, ha de ser gracia y misericordia la que en tu Hijo te pido”,... queriendo decir: por mí mismo nada soy y nada puedo, sólo me queda la misericordia que me otorgas en tu Hijo. Porque si el Hijo ha venido para ser fiel imagen de la misericordia del Padre , en ella, -sólo en ella-, va a obtener todo lo que pide. La misma oración es la garantía de lo expuesto por el santo: “No me quitarás, Dios, mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero”(D. 26). Esta es la trayectoria segura y firme para invocar al Padre; quien así lo hace, no se equivoca.

Los místicos del Carmelo enseñan de un modo magistral la “espiritualidad de la mirada”, y tanto la santa de Ávila, como el santo de la Noche han logrado captar a través de la mirada de Dios su Misericordia y Ternura. Uno de los muchos pasajes es la canción 31: “En solo aquel cabello/ que en mi cuello volar consideraste,/ mirástele en mi cuello/ y en él preso quedaste,/ y en uno de mis ojos te llagaste” (Canc. 31). Comentando esta canción dice: “El mirar de Dios es amar”, famosa afirmación que encierra todo un tratado de misericordia, y al comentar el cuarto verso añade: “Si él por su gran misericordia, no nos mirara y amara primero,... y se abajara, ninguna presa hiciera en él el ‘vuelo del cabello’ de nuestro bajo amor” (CB 31, 8). Intenta explicar con figuras: vuelo de ave, cabello, mirada, presa etc, con cuanta misericordia y amor está amando al pecador y le está mostrando su misericordia.

Más adelante, en el libro de la Llama, en el comentario a la canción 3, “Oh lámparas de fuego...” , dice el santo que estas lámparas son las virtudes, y estas mismas vio Moisés en el monte Sinaí, y postrado en tierra clama: “Emperador, Señor, Dios, misericordioso, clemente, paciente, de mucha miseración, verdadero, que guardas misericordia en millares...., que ninguno hay inocente de suyo delante de ti. (Ex 34, 5-8)”. (LlB 3, 4). Y más adelante el santo, comentando la misma canción, destaca cómo la misericordia es lámpara que da fuerza y luz: “Porque cuando uno ama y hace bien a otro, hácele bien y ámales según su condición y propiedades; y así tu Esposo, estando en ti, como quien él es, te hace mercedes;... siendo él misericordioso, piadoso y clemente, sientes su misericordia y piedad y clemencia”; y termina con una profunda ternura: “Yo soy tuyo y para darme a ti y gusto de ser tal cual soy por ser tuyo y para darme a ti” (CB 3, 6). Y con el mismo sentimiento que ha dejado transparentar en la Oración del alma enamorada, aquí también lo expone: Soy tuyo y para darme a ti, que es el lenguaje del Dios enamorado fuertemente de todos los hombres.

TERESITA DEL NIÑO JESUS

Teresita del Niño Jesús es la doctora de la Misericordia; ella, mucho mejor que muchos santos y místicos, la recibió y la vivió desde muy hondo de su corazón y de la vida. El manuscrito A es sin duda ninguna una larga meditación sobre la acción de la misericordia en su vida, y encontramos frases a través de toda su redacción sobre esta acción; dice estar convencida del querer del Señor de “hacer resplandecer en ella su misericordia porque era débil y pequeña, se abajaba hasta ella y la instruía en secreto en las cosas del Amor” (A 49r). Se da cuenta de su incapacidad de subir hasta el Señor, y por eso afirma: “Lo propio del amor es abajarse”...; “Abajándose de tal modo, Dios muestra su infinita grandeza”; “’revelar’ esta condescendencia divina es precisamente el papel de los pequeños” (A 2v-3r). A Teresita le revela Dios sus más íntimos secretos, precisamente por esos designios misteriosos de su amor, y entre éstos podemos destacar: Su vocación dentro de la Iglesia, “mi vocación es el amor” (B 3v), y su misión de recibir la misericordia infinita para adorar y contemplar a través de ella las demás perfecciones divinas: “Comprendo, sin embargo que no todas las almas se parezcan; tienen que haberlas de diferentes alcurnias, para honrar de manera especial cada una de las perfecciones divinas. A mí me ha dado su MISERICORDIA INFINITA, y a través de ella contemplo y adoro las demás perfecciones divinas...! Entonces todas se me presentan radiantes de amor...” (A 83v).

El 9 de junio de 1896 redacta la OFRENDA AL AMOR MISERICORDIOSO, que por la brevedad de este artículo prefiero dejar sin comentario y transcribir solo un pequeño texto suficiente para una resonancia a la luz de toda su doctrina: “A fin de vivir en un acto de perfecto amor, YO ME OFREZCO COMO VÍCTIMA DE HOLOCAUSTO A VUESTRO AMOR MISERICORDIOSO, suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando que se desborden en mi alma las olas de TERNURA INFINITA que están encerradas en vos, para que así llegue yo a ser mártir de vuestro amor, ¡Oh Dios mío!...” (Or. 1.- Acto de ofrenda al amor misericordioso ).

Teresa de Jesús canta las Misericordias del Señor y el místico de la Llama resuena en toda su obra este mismo canto, y Teresita del Niño Jesús nos comparte su profunda experiencia ante este insondable misterio. El hombre de hoy que vive en desazón, confusión e incredulidad acerca de esta misericordia, podrá acercarse a esta experiencia de los místicos, para dejarse enseñar por ellos, descubrirla y experimentarla personalmente.

 

AUTOR: P. José Helí Osorio, OCD

 

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