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San Juan de la Cruz 10 100x100El Cántico Espiritual es su poema de más envergadura. Doscientos versos en cuarenta estrofas iguales. Están recortadas una a una, cada una con mundo propio. Los cinco versos se compenetran y envuelven uno en otro, lleno de vida personal, como si el poeta...

 


 

Según Dámaso Alonso, San Juan de la Cruz es el más grande poeta lírico de la lengua española. Su producción poética es escasa. Pero ella concentra todo el vigor de la fascinación. Cada verso, cada estrofa es un milagro de la palabra. Como si este hombre, ajeno al mundo, tuviera inteligencia plena de las oscuridades del corazón. Cada frase es un mundo nuevo en ebullición. El sortilegio domesticado por el hombre.

El Cántico Espiritual es su poema de más envergadura. Doscientos versos en cuarenta estrofas iguales. Están recortadas una a una, cada una con mundo propio. Los cinco versos se compenetran y envuelven uno en otro, lleno de vida personal, como si el poeta hubiera realizado la labor artesanal de poner en cada uno su alma al darle vida. Gesto determinante de su calidad artística. El instinto musical ha guiado el poema del principio al fin. Música secreta de matices imperceptibles, conducen la palabra en cada paso del camino. El viento impetuoso del Espíritu, escondido en las ramas de los árboles, pone a cantar la música callada del corazón. Canto que trasmuta en dicha aún la pena más recóndita del egoísmo. Es la fortaleza plástica de quien conoce a perfección el material con que trabaja. El cántico Espiritual es un canto de amor. Es la preocupación que lo inspira, lo dirige, lo lleva a su culminación. El amor, que es a la vez realismo existencial, vibración estética, pensamiento condensado, experiencia mística. El lector que sabe establecer sintonía con el poema, se siente sobrecogido como si una atmósfera familiar lo ubicara en el puesto exacto que el corazón ha buscado en vano con afán. Es el hogar como fuego, calor, acogida, dicha y fecundidad sin contornos. La música secreta que sostiene el poema penetra por los intersticios del cuerpo y del alma como efluvio embrujado. El lector que así se instala comienza a entender lo que es estar loco de amor, no porque se pierde la cabeza, sino porque se alcanza la máxima lucidez y equilibrio.

La salud del hombre es el amor. El amor de Dios. “Cuando no tiene cumplido amor, no tiene cumplida salud, y por eso está enfermo. Porque la enfermedad no es otra cosa sino falta de salud, de manera que cuando ningún grado de amor tiene, está muerto; mas cuando tiene algún grado de amor de Dios, por mínimo que sea, ya está vivo, pero está muy debilitado y enfermo por el poco amor que tiene; pero cuanto más amor se le fuere aumentando, más salud tendrá, y cuando tuviere perfecto amor, será su salud cumplida”. Por eso canta anhelante “Descubre tu presencia –y máteme tu vista y hermosura; -mira que la dolencia –de amor, que no se cura –sino con la presencia y la figura”. (Estrofa 11; 11,11).

San Juan de la Cruz vierte a un lenguaje de sortilegio el mensaje bíblico. El cantar de los cantares adquiere aquí su máxima expresión. Dios es amor. Todo lo crea por amor. El hombre es criatura de amor. Su felicidad no es otra que amar. Buscar el amado es su vocación. Amante y amado son la misma cosa. Dios “que es aquí el principal Amante” (31,2), es amado por el hombre. El hombre, que es amado de Dios, es el amante que “busca con gemido” a Dios. “El amante no puede estar satisfecho si no siente que ama cuanto es amado” (38,3), “porque de Dios no se alcanza nada si no es por amor” (1,13).

Criatura de amor, el hombre está hecho para amarlo todo y dejar su huella de amor en la creación. Donde hay amor hay comunidad. Es la obra del Espíritu en el hombre. Es lo que la Biblia dice. Y lo que canta S. Juan de la Cruz.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

 

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