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morirVivimos de cara a la muerte. Verla cercana, delicada, amorosa, engendra fortaleza, consuelo, fecundidad, alegría y gratitud. "Si te mostrara tus llagas no podrías resistirlo, pero he aquí que te las muestro en el instante en que te curo de ellas" (Pascal). Quien vive...

 


 

"No muero, entro en la vida". ¿Quién habla así? Una joven de veinticuatro años. Lleva la muerte consigo. Tiempo y eternidad le caben en el alma. Con pasmosa seguridad presiente la muerte a tres meses de distancia. La mira de frente, con alegría, acatamiento, alabanza y gratitud. "¡Qué contenta estoy de morir!" La muerte "me hace contemplar de cerca las maravillas de su misericordia y de su amor". Así "seré mucho más útil que aquí abajo a las almas que amo". Morirá el último día de septiembre de 1897. Del 9 y el 21 de junio, y 13 de julio del mismo año son unas cartas íntimas en que habla a los amigos de su muerte. Es Teresa Martin, Santa Teresita del Niño Jesús, mística excepcional.

La visión penetrante de la muerte es uno de los rasgos que distingue al místico. S. Juan de la Cruz, maestro de S. Teresita, canta fuera de sí: "Descubre tu presencia / y máteme tu vista y hermosura". Versos que comenta: "Pues sabe el alma que en aquel mismo punto que la viese sería arrebatada a la misma hermosura, y absorta en la misma hermosura, y transformada en la mima hermosura, y ser ella hermosa como la misma hermosura y enriquecida como la misma hermosura". El místico vive agonizando de hermosura. "No hace mucho aquí el alma en querer morir a vista de la hermosura de Dios para gozarla para siempre; pues si el alma tuviese un solo barrunto de la alteza y hermosura de Dios, no sólo una muerte apetecería por verla ya para siempre, pero mil acerbísimas muertes pasaría muy alegre por verla un solo momento, y, después de haberla visto, pediría padecer otras tantas por verla otro tanto" (Cántico 11, 10.7).

Gonzalo Gallo y la psicóloga Isa Fonnegra de J. darán un seminario taller "De cara a la muerte". Leo con atención sus propuestas: "La muerte como soledad o encuentro, como fin o comienzo, como tiniebla o luz, como castigo o premio, como tragedia o plenitud". En la alternativa escogen "una visión positiva de la muerte": encuentro, comienzo, luz, premio, plenitud. Los que llegan al umbral de la otra vida experimentan una paz tan placentera que no quieren regresar. Que su palabra tenga la fuerza y el júbilo que transmuta la vida traspasando el corazón. La muerte ilumina la vida desde que nacemos.

"La Resistencia" de Ernesto Sabato es un libro hermoso. Lenguaje tierno, delicado, armonioso, lírico, fascinante, propio de un maestro a quien los años han colmado de sabiduría. Dice hacia el final: "Su llegada no será una tragedia como hubiese sido antes, pues la muerte no me arrebatará la vida: ya hace tiempo que la estoy esperando". Leo una y otra vez, y me pregunto: ¿Esperando la muerte? ¿Esperando la vida? ¿Una y otra a la vez? No hay razón para disociarlas. Desde que nacemos comenzamos a morir. En la muerte culmina el nacimiento. "Ven muerte tan escondida / que no te sienta venir / porque el placer del morir / no me vuelva a dar la vida", canta el místico. Una experiencia arrobadora para la que el ser humano está deficientemente preparado. "No le puede ser al alma que ama amarga la muerte, pues en ella halla todas sus dulzuras y deleites de amor" (S. J. de la Cruz, Cántico Esp. 11, 10).

La muerte inspira sin cesar cosas hermosas: amarlo todo sin apegarse a nadie, a nada, ni siquiera a sí mismo. "El amor me obliga a amar a Dios; el desprendimiento obliga a Dios a amarme" (Eckhart). Morir es acabar de nacer. La muerte es la apertura a la plenitud de la vida. Catalina de Génova, mística italiana del XV, decía: "Cuando veo morir a una persona me digo: ¡Oh qué cosas nuevas, grandes y maravillosas está a punto de ver!" Se extasiaba contemplando los ojos del moribundo. Y P. de Broucker afirmaba: "Orar a Dios por los difuntos es aprender como ellos a no desear más que a Dios. Y encomendarnos a sus oraciones es reclamar para nosotros las gracias más puras de la santidad": ¡Ser por amor uno con Dios!

Vivimos de cara a la muerte. Verla cercana, delicada, amorosa, engendra fortaleza, consuelo, fecundidad, alegría y gratitud. "Si te mostrara tus llagas no podrías resistirlo, pero he aquí que te las muestro en el instante en que te curo de ellas" (Pascal). Quien vive con la convicción de que Dios lo ama, está seguro de ser "juzgado por una ley de libertad" (Stg 2, 12), que es la ley del amor. "A la tarde te examinarán en el amor" (S.J.de la Cruz). Un examen de amor no puede ser sino amoroso. Vivo preparado para obtener la máxima calificación. "Cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver" (E. Kübler-Ross). El amor me garantiza que no muero, entro en la vida. En la muerte todos seremos místicos: El en nosotros, nosotros en El. Morir es sumergirse en El, bautizarse, resucitar, alcanzar plenitud. La cultura de la muerte que necesitamos para vivir.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

 

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