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ecologia interior

Jesús en la cruz dice a Juan, el discípulo amado: “Ahí tienes a tu madre”. “Y desde aquella hora”, Juan “la acogió en su casa” (Jn 19, 27), es decir, en su corazón, que había aprendido a palpitar en armonía con el de Jesús. Quien ama, hace de su corazón la casa del amado...

 


 

Ecología es una palabra de importancia ascendente. Significa la vida en casa, el lugar donde el hombre habita. La casa es tan importante como el vestido y la comida. Dan sentido a la vida.

La casa está en función del que vive en ella. De ella depende el bienestar del que la habita, con sentido de reciprocidad. La casa devuelve a su morador lo que él pone en ella. Desorden y suciedad si la tiene desordenada y sucia. Orden y limpieza si la mantiene limpia y ordenada.

Aún sin darse cuenta, el ser humano tiene dos casas, una del cuerpo y otra del alma. Casas que no tiene que construir ni comprar. La casa de su cuerpo es su alma. La casa de su alma es su cuerpo. Tienen la transparencia afectiva que les pone su morador. Dichoso quien tiene, por transparente, casa acogedora.

Jesús en la cruz dice a Juan, el discípulo amado: “Ahí tienes a tu madre”. “Y desde aquella hora”, Juan “la acogió en su casa” (Jn 19, 27), es decir, en su corazón, que había aprendido a palpitar en armonía con el de Jesús.

Quien ama, hace de su corazón la casa del amado. Quien es amado, sabe que tiene casa en el corazón de quien lo ama. Si ecología es la vida en casa, ¿qué limpia es la ecología de mi corazón? ¿Me interesa como mi verdadera casa?

Mi casa está en mi corazón. Yo soy el corazón de mi casa. Esta constatación despierta en mí la inquietud de dedicarle tiempo, de conocerla cada día mejor, de poner en ella un toque permanente de elegancia y sencillez. Crece mi interés de que, por amorosa, mi casa sea acogedora.

Cultivando mi casa, estoy aceptando la invitación del papa Francisco de cuidar la casa común, sabiendo que “la ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan” (138).

Y así entiendo la “mirada integral e integradora” (141), no como el hecho de juntar fragmentos, sino como el arte de acometer distintos puntos de vista del todo, sobre la base de que todo punto de vista es la vista de un punto en el todo.

La realidad ambiental y el contexto humano son inseparables. “La relación de cada persona consigo misma genera un determinado modo de relacionarse con los demás y con el ambiente” (141), no menos que con Dios, del cual depende mi relación de amor con todo.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 28 de agosto de 2015

 

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