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Jesus reyDías antes, Jesús se despidió así de sus discípulos: “Cuando llegó la ora se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: ‘Con ansia he deseado comer esta Pascua con ustedes antes de padecer, porque les digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento...

 


 

¿Puede un ladrón tener buen corazón? Lo tiene. Un día crucificaron a Jesús en medio de dos ladrones. De repente uno de ellos le suplica: “Jesús, acuérdate de mí cuando vuelvas como rey”.

Solo una sensibilidad exquisita percibe la atmósfera de grandeza soberana que el crucificado difunde a su alrededor, para dirigirse a él con tanta ternura y suavidad, hasta escuchar de inmediato unas palabras que estremecen los oídos y el corazón. “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,42-43). ¡Paraíso! Se queda arrobado como si su fantasía hendiera el infinito.

Días antes, Jesús se despidió así de sus discípulos: “Cuando llegó la ora se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: ‘Con ansia he deseado comer esta Pascua con ustedes antes de padecer, porque les digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios’” (Lc 22, 14-16).

Jesús llena de asombro a quien lo escucha porque habla del reino sin cesar como de la cosa más pequeña y más grande a la vez. Es el tema de las parábolas, obra maestra de la literatura universal.

Parábola es comparación, semejanza. El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza, a un tesoro escondido en el campo, a un mercader que anda buscando perlas finas, a una red que se echa en el mar. Frases que son tesoro del corazón y la memoria. Imágenes inolvidables de lo que es el Reino. “En las parábolas, como en las esculturas griegas, el ideal se deja tocar y amar” (Renán).

En Jesús todo gira en torno al rey, el reino y el reinado, cosas que son él mismo, como lo expresó en un momento. “Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno en uno, les servirá” (Lc 12,37).

Un día Pilato pregunta a Jesús: “¿Tú eres rey?” Y Jesús responde: “sí, soy rey”. Y añade: “Mi reino no es de este mundo” (Jn 18,36). Jesús, siendo de este mundo, no es de él, pertenece a otro mundo que es él mismo. Quien hace amistad con él, vive en el reino prometido por él. Él, la simplicidad absoluta, es la riqueza infinita.

La fiesta de Cristo Rey es la oportunidad incomparable para decirle: “¡Gracias mi Rey!” El corazón se deshace de ternura. Como el ladrón.

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 20 de noviembre de 2015

 

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