Este Portal es actualizado por amigos de la espiritualidad carmelitana

donaciones boton

La fe es un negocioDe Jesús dependió la nobleza de su profesión, la de la fe. En ella demostró su ancestro, la estatura que lo determinaba. Irradiaba fe en el modo de mirar, de escuchar, de oler, de hablar, de tocar y de pisar. La gente se quedaba absorta viéndolo, escuchándolo...

 


 

La fe es un negocio. No se parece a ningún otro. Jesús fue el mercader de la fe. No hizo otra cosa que comprar y vender fe, la única mercancía que administraba. Empleaba en el negocio de la fe ojos, oídos, nariz, boca, manos y pies. Todo su ser estaba comprometido en el quehacer, en el negocio de la fe. Los hombres ennoblecen las profesiones, no éstas a aquellos.

De Jesús dependió la nobleza de su profesión, la de la fe. En ella demostró su ancestro, la estatura que lo determinaba. Irradiaba fe en el modo de mirar, de escuchar, de oler, de hablar, de tocar y de pisar. La gente se quedaba absorta viéndolo, escuchándolo, oliéndolo, tocándolo, pisándolo. Era una magia irresistible que cambiaba por completo la presencia de cuerpo y alma en todo el que se acercaba a él.

Leemos el evangelio llenos de pasmo y sortilegio y maravilla. El centurión, la sirofenicia, la adúltera, Zaqueo. La lista es larga. Todos ellos, sin darse cuenta, por el solo hecho de acercarse a él, quedaban transfigurados. Lo que entrevieron en sueños, lo veían cumplido en forma extraordinaria, hasta el punto de no saber si bajaban del cielo a la tierra o subían de la tierra al cielo. “Este es el mercader de la fe”, lo que siempre creímos que fuera un despropósito, más allá de toda utopía.

Un día los apóstoles dijeron a Jesús: “Señor, auméntanos la fe” (Lc 17, 5). Querían saber algo del efluvio embrujado que salía por los cinco sentidos de aquel hombre singular. Él les habló con naturalidad de la magia secreta que lo envolvía. “Vivo en intimidad con el Padre, él y yo somos uno. Yo no hago nada que no vea hacer al Padre. Quien me ve a mí, ve al Padre”.

Escuchándolo se dijeron en secreto: no nos equivocamos, algo lográbamos entrever. Nos deja absortos, perplejos, fascinados. La fe es una cosa muy simple. Me dice que por mi cuenta no soy nada a la vez que lo acojo a él llenándome de su fortaleza divina.

Jesús es un mercader de la fe. Por la fe, el Padre y el Hijo son uno siendo dos. Cuanto más uno, más dos; cuanto más dos, más uno. En la fe, todo es despropósito: me saca de mi quicio humano y me pone a flotar en la atmósfera divina. Feliz el que guarda la fe pura en su seno; no le dolerá ningún sacrificio.

AUTOR: P. Hernando Uribe, OCD

Comparte en tus redes sociales:

FacebookTwitterShare on Google+YoutubePinterestMySpaceDiggStumbleuponGoogle BookmarksRedditNewsvine